Quizá fue por eso que, cuando su amigo Justin vino a buscarle el día después de cortar con Hannah, sacándolo de sus planes de emborracharse en casa para hacerlo fuera y apretado entre desconocidos, se dio cuenta de que le gustaban los hombres. Y que le gustaba Justin. Y que el destino era un cabronazo.
Ernie jamás pensó que cocinar con su novio significaría sacrificar inocentes criaturas babosas a Satán y recubrirlas con una especie de moho verde. ("Este fic participa en el Duelo #1 de la Décima Edición del Club de Duelo del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black")
Draco jamás pensó que una invitación nocturna de Harry Potter significaría estar sentado y en silencio. No, eso era lo último en lo que pensaba . Regalo para Estrella Blank
La luz, opacada por ese humo dulzón y opaco, refleja brillos de colores en la piel sudorosa. Es un festival de carne sobre carne, chillidos y gemidos. Huele extraño. Desagradable. (Este fic participa en el Duelo #2 de la Undécima Edición del Club de Duelo del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black")
Con cada partido que pasa Oliver Wood pierde más y más el interés en el quidditch, hasta que un día tiene un accidente y cae de la escoba. Durante la caída solo tiene un extraño pensamiento: Katie Bell. Y las ganas de verla pronto se convierten en un problema. Regalo para Kristy SR
Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2016-2017" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black" para kisses (Ya haré un buen summary cuando lo acabe, leñe)
Los llamaron los Tres Leones, deberías haberlos visto, parecían salir del mismísimo infierno. Aunque el peor de todos era el de la cicatriz, nunca fallaba un tiro, jamás pestañeaba. Nadie sabe que fue de ellos después de aquel día. Algunos dicen que murieron, pero yo digo que siguen ahí, esperando el momento indicado para acabar lo que empezaron. AU. DracoXHarry,HermioneXPansy
Cuidado. Este fic es absurdo y estúpido. Y participa en el Duelo #2 de la Duodécima Edición del Club de Duelo del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black"
—Sebastián —Él sonrió; el tubo serpenteante de la pipa enrollado en su brazo izquierdo y la piel del torso brillando, como porcelana blanca. Se encogió de hombros y apoyó la cabeza sobre uno de los cojines. El cabello desparramado simulando la espuma de mar.
—Eres como un tlacuache de peluche... —¿Qué cojones, Justin? ( Este fic participa en el Duelo #3 de la Undécima Edición del Club de Duelo del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black" )
"Remus." "Dime." "Quiero irme." Este fic participa en el Duelo #1 de la Undécima Edición del Club de Duelo del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black
Harry Potter tiene dos opciones; ser el poli bueno que tantos años le ha costado ser, olvidar el pasado y dar un paso adelante. Seguir vivo... O bien puede ser el poli malo; seguir fiel a sus principios y aceptar la ayuda del menos deseado. Como su exnovio, Draco Malfoy. Aunque eso signifique meterse en medio de una red de drogas, asesinatos y otras actividades de ocio. (AU)
Porque no importa cuántas veces intentes destruir a Granger, cuanto te esfuerces. Ella, hija de muggles, sangre sucia, todo eso y más. Ella, la que saca notas con las que algunos sólo pueden soñar. Ella, que aunque anda sola, no lo está. Ella. Ella. Ella La que siempre tendrá algo que tú no. (Regalo para Kaorugloomy)
Parecía que el tiempo quería burlarse de ella; que los angustiosos minutos no pasaban, que el enorme reloj del vestíbulo estaba haciéndose de rogar aposta, decidido a no dar por terminadas las dos horas más largas jamás vividas por Susan Bones.
Necesito un ambiente egoísta para no ahogarme. —¿Insinúas que somos egoístas? —¿Blancas o negras? —increpó, esbozando una tenue sonrisa.
Al instante Zacharias sintió como unas manas tiraban de él, poniéndolo de nuevo en pie. Se giró hacia aquella voz. Y palideció. Se podría haber esperado a cualquier persona. Excepto a él. Porque era Blaise Zabini quien le miraba. No con odio, no con desprecio. Sino con un cierto interés.
Realmente parecía que era preciosa sin pretenderlo, que llamaba la atención sin quererlo. Que brillaba con luz propia.
Vaisey parecía haberse adentrado en una dimensión diferente. Aún de niños había tenido esa maravillosa capacidad de abstraerse de una forma increíble. No le molestaban las palabras, tampoco la tensión del ambiente. Avanzaba y avanzaba. Entonces cogió una solitaria guitarra, apostada en la columna, que parecía haber estado esperándole.
Piel pálida, como la suya. Con las facciones angulosas heredadas de su abuelo. Y entonces lo vio. Esos ojos, del color que toma el papel al quemarse. De un marrón que roza casi el negro. Como los de él.
Ernie Macmillan tiene dos problemas: su obsesión por el orden y su incontrolable furia.