Summary
14 de enero de 1887, fecha que sentenció la corta vida de Arthur Kirkland, oh, como lamentaba ese fatídico día, como se maldecía por haber salido a dar aquel paseo, por haber tomado ese camino, ¡por haber entrado a esa biblioteca! Si tan solo su maldita curiosidad no hubiese agarrado ese libro, si tan solo hubiese hecho oídos sordos e ignorado todo, tal vez todo fuese mejor.