Summary
Así que Daiki se tuvo que resignar —no le quedaba otra— y apechugar con la triste y dura realidad. Una realidad donde Satsuki prefería entrenar a un gato mágico de mentira y no pasar el rato con Daiki (o la historia de cómo Satsuki se vició a un juego de unos monstruitos llamados Bokemon). Aomomo.