Summary
– ¡Es usted un viejo y amargado murciélago, profesor Snape! –chilló, casi llorando. – ¡Queda castigada, señorita Granger! ¡Tal vez así aprenda a respetar a un profesor! Lo que vio, sin embargo, fue al profesor Snape, con el cabello mojado y el torso al descubierto, y colocándose una camisa, que se dejó abierta mientras recogía ciertos documentos de su escritorio.