Summary
Debes invitarme a entrar . La voz no era parte de ningún sueño sensual. Era como una caricia física. Su tono insistente se deslizó sinuosamente por mi cadera, me envolvió la espina dorsal, pasó por mí como si fuera la palma de una mano cálida, y me puso la piel de gallina. Hasta que, por fin, él me susurró al oído. Ábreme .