Summary
Una de las relaciones más prolíficas que habían surgido, a raíz de esta curiosa costumbre de los nobles de relacionarse con magos de sangre pura, era la del señor Séptimus Malfoy con Sir Edgar Granger. Una tarde, con una copa de coñac en la mano, ambos hicieron un pacto que cuatrocientos años después cambiaría el destino de dos de sus sucesores, en pleno siglo XX.