—¿Te has enamorado de mi o algo así? –le dijo de forma mordaz mientras se agachaba junto a ella y recogía los libros. —¿Cómo…? —Ya me has oído. Pareces una de esas hufflepuff de tercero que me persiguen. —¡Yo no te persigo…! —No te enfades, rubia. Me estoy divirtiendo.
Hay cosas que pasan y no se sabe por qué y lo de esos cuatro nunca debería haber pasado. Ni lo de ella y él. Ni nada. Y aun así no podía evitar sonreír un poco, muy muy poco, culpándose mucho y sintiéndose mezquina. Black sabía lo que se hacía, por aquel entonces.
Severus Snape la mira. No puede dejar de mirarla. Y se siente una mierda, y el recuerdo de la presión en su bragueta solo hace que empeorarlo todo. Es una cría, una jodida sangresucia, otra. Y no es pelirroja. Ni tiene los ojos verdes. Pero a veces se confunde, Potter se parece tanto a Potter que a veces ya no sabe si Granger es Evans. No, Evans no. Lily.
A Sirius no le caía demasiado Marlene, o bueno, le caía, solo que tremendamente mal. No era algo nuevo. Ahora, en cambio, quería compañía y los hados parecían señalar en su dirección, y ¿quién era él, el humilde Sirius Black, para llevarles la contraria? Este fic ha sido creado para el "Amigo Invisible 2012/13" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black". Para Arhatdy-Uchiha
Tres viñetas sobre Remus Lupin y su maldición. Para un desafío de 'La noble y ancestral casa de los Black'.
James sabía que el rojo era el color de su vida, y Rose, que no estaba haciendo lo correcto, pero no podía evitarlo, era superior a sus fuerzas, lo necesitaba. Regalo para Arualle.
Sirius no podía dejar de mirarla, era algo superior a sus fuerzas, y ya ni le importaba que después James se metiese con él por ello. Pero es que Marlene era magnética. Le encantaba como se movía mientras cantaba, como contoneaba las caderas y se amasaba el pelo con fuerza, con los ojos entrecerrados. Era algo que a ojos de Sirius rozaba lo erótico
Camile era guapa y parecía que todo estaba hecho a su medida, que todos sus movimientos eran perfectos porque ella creía que lo iban a ser. Y además era rara y muggle, muy muggle, casi demasiado. A George le gustaba. Esta historia participa en el reto "Brujos/as y muggles" del foro 'La noble y ancestral casa de los Black'.
Fuera no sabían lo que les esperaba, pero desde luego todo parecía apuntar a que tiempos oscuros se aproximaban a toda prisa, y tal vez, esa semana fuese la última sin preocupaciones y esos siete años los mejores de su vida.
Marlene no sabía que era lo que más le gustaba de Sirius Black, si su pelo o sus tonterías. Joder, eran iguales.
No sabía cómo, pero de nuevo él era el que recogía los pedazos rotos de su alma, por mucho que ni ella misma lo supiese. Para el reto 'Un objeto, una historia' del foro Provocare Ravenclaw.
Y ahí estaba ella, Katie Bell, babeando por él. Se había dado cuenta de que no solo le gustaba no, estaba enamorada de Oliver Wood, y ahí es donde la cosa se había empezado a desmadrar.
Gran chica Alice, daba igual su pelo corto o su sonrisa demasiado grande o sus tallas de más. Gran chica, pero estaba cogida. Para el reto 'Momentos Perdidos, Momentos Creados' del foro Provocare Ravenclaw.
De entre todas las palabras horribles que existían, Marietta tenía claro cual era la que más odiaba. Chivata, chivata, chivata. Para el reto 'Un águila de bronce' del foro Provocare Ravenclaw.
—¡James Potter, estás borracho! —De algún modo tendrá que ahogar sus penas porque cierta pelirroja le haya dado calabazas de nuevo.
Pansy se dejó caer en la primera silla que encontró, abatida. Tenía ganas de llorar. Ella no quería pensar lo que debía hacer, en los ideales que debía defender. No quería vivir correctamente. Ella solo quería divertirse.
Las respuestas que realmente importan no se encuentran en los libros, y eso para Hermione Granger es un golpe bajo.
—Escupes las palabras casi como mi padre, seguro que le gustará. —Tú a mi padre no le gustarías ni aunque tuvieras un tatuaje de los Chudley Cannons en el culo.
Una risa cantarina lo invadió todo, como ese agradable nuevo olor. Esa chica olía a chocolate caliente en una tarde de frío y a azúcar.
Cuando apenas tenía seis años, Ronald Weasley era un obsesionado de los colores llamativos y las cosas brillantes.