—Soy jefa de redacción —dije mirando mis pies, mientras notaba que su acento era inglés. Odiaba a los ingleses, son tan estirados, creídos y dueños de todo que… que... intenté azotar mi cabeza lentamente, porque, OH JODIDA MIERDA, él era sumamente guapo.
Dos años después, en medio de una carretera dos corazones destrozados se vuelven a encontrar.