Soy un simple chico adolescente de dieciséis años que va al colegio, tiene sus amigos, una gran familia, todo normal, todo correcto, mi camino va en buen sentido, hasta que en la mitad puede que me haya encontrado un árbol con hojas caduca, me haya sentado debajo del árbol y que sin querer perdiera interés en seguir caminando para estar en esos brazos gastados de mi hombre.
Es intocable, si lo hago romperé todos los códigos de hermano, no puedo tocarlo, aunque el este ahora mismo acostado en mi cama desnudo donde solo lo cubre mi sabana en sus partes íntimas.