Durante diez años Harry y Draco han disfrutado del más perfecto de los matrimonios, basado en la cortesía, el respeto y... la distancia. Un secreto, una traición y un océano les separan desde el día siguiente de su enlace. Es un arreglo que no podría resultar más ideal y civilizado a los ojos de la alta sociedad. Ahora, una petición de divorcio va a cambiar las cosas.
Draco fue uno de los más populares debutantes de la temporada anterior, hasta que el hombre que todos creían que le propondría matrimonio se casó con otra persona. De un día a otro, se convirtió en alguien a quien compadecer y sobre quien cuchichear. Harry, hermano del hombre que lo despreció, realiza un acto de amabilidad que sirve para que Draco recupere su lugar en la sociedad.
El señor Cuffe, propietario de El Profeta, está harto de resolver los conflictos entre Harry Potter y Draco Malfoy. Ambos fueron rivales en la adolescencia y aunque no tuvieron contacto por muchos años aún se odian profundamente y se boicotean siempre que pueden. El problema es que Cuffe está convencido de que si trabajasen juntos serían el mejor equipo de publicidad del mundo.
Cuando la condesa de Duston muere, sus nietos se ven obligados a huir y esconderse de su siniestro tío, quien pretende venderles a un prostíbulo. Los niños deberán olvidar el mundo que han conocido hasta entonces, y Draco, que tiene diez años, deberá proteger a sus hermanas y subsistir con ellas en las oscuras calles de Londres. Años después volverán por lo que les pertenece.
En una pareja que se ama, la pasión y el impulso sexual se mantiene durante el embarazo. Y eso es algo que Harry está dispuesto a demostrar a su esposo, más aún cuando sabe que ahora su emotividad está a flor de piel.