Hoy resido en tu muslo derecho, aquí y allá, para necesitarme, para, invisible, ascender hasta tus ciudades y tus pueblos; necesito aterrarme con mi propia rutina, voltear de revés mis remordimientos, porque...
Chocan y se deslizan el uno en el otro. Fríos y calientes, arremolinándose entre sí. Marcando el inicio de la tormenta.
Tengo tu cabello, tus cejas, tu boca y tu mandíbula. Los ojos, la nariz y las pecas de mamá.
Parece que morir es encontrarse desnudo, derramado en un estío de distancias y gritos y dulzuras. De ojos inmensos y cabellos castaños, de rodillas desnudas, de encuentros fugaces, de cuerpos y de pavesas y de imágenes en revolución.
Si los elefantes tienen vidas pasadas, están destinados a recordarlas por siempre. No es de extrañarse la forma en que gritan.
Los exámenes finales de Pociones para Gryffindor eran y seguirían siendo, sin duda, la festividad favorita de Severus Snape.