Unas cartas compartidas entre Harry y Draco son publicadas en El Profeta, y no son nada inocentes. La sociedad mágica se vuelve loca con el cotilleo, hasta que Harry es arrastrado frente al Wizengamot, acusado de haber favorecido a los mortífagos tras la guerra. Harry y Draco abren viejas heridas frente al público, y descubren que, quizás, su relación no está muerta como pensaban.