"¿Por qué nos sigues?" Dijo. "No sé de que hablas" Respondió. El atacante soltó al viajero de la muñeca, haciendo que cayera una vez más en el barro. "Eres una mujer" Susurró el elfo. Debía ser pecado agarrar con semejante brutalidad la muñeca (o cualquier parte del cuerpo) de una mujer. Los ojos del rubio centellaron ante la escena. "Reverendo idiota" pensó.