Observó la marca en su antebrazo con la mirada abnegada, sus labios presionados en una pálida y delgada linea. Debió haberlo adivinado desde un principio; morir habría sido fácil. Él estaba condenado a mucho más que solo extinguirse.
Hermione se aferra a sus rutinas como si la vida le fuera en ello y despierta cada mañana contando las horas que faltan para volver a dormir. Mientras tanto, en las oscuras callejuelas Bristol, un chico de ojos grises está esperando por ella. No todas las historias tienen un final feliz y la de Hermione ni siquiera ha llegado a él aún. (AU, sin magia).