Summary
Por un momento, Sirius juró que al abrir los ojos estaría de nuevo en Grimmauld Place, en el piso del salón que tanto aborrecía, con la varita de su madre esperándolo, lista para el próximo ataque. Pero entonces los abrió y aunque el dolor no remitió y siguió estando desorientado, mirarla lo hizo saber que, sin importar nada, estaba a salvo. Porque ella estaba ahí.