Lo Que Antes Fui

Mi Alfa

El león releyó nuevamente la nota escrita con retaso de periódicos, muy similar a los que salía en las películas muggles. ¡Eso no podía estarle pasando a él! ¡Justo a él! ¿Y si le contaba a James y a Remus? Ni bien pensó en ello, se imaginó la cara de sus amigos. Idea descartada. No dudaba que lo ayudarían, pero ya no serían igual la cosa entre ellos. ¿Qué hacer? ¿A quién acudir sin quedar en evidencia? ¿Y si todo era mentira y solo era alguien buscando vengarse de las bromas que había hecho durante años con los merodeadores?

Miro su reloj, faltaban quince minutos para la cita ¿Qué hacer? Se levantó y se acercó a la cama de James que leía para su examen de Transformación del día siguiente

- Cornamenta – dijo en voz baja – ¿me puedes prestar tu capa?

- ¿tienes acción esta noche, Canuto? – dijo este con picardía

- Si, algo así – dijo Sirius nervioso – ¿entonces qué? ¿Me la prestas?

- Claro – dijo James sonriendo – debe ser alguien muy especial. ¡No me digas que ya lo marcaste!

- ¿de dónde sacaste eso? – dijo Sirius sorprendido

- Vamos Sirius – dijo James – hueles a Omega desde lejos. Vamos, dime ¿quién es?

- Cállate y estudia, para que mañana me pases las respuestas correctas. No quiero volver a reprobar con McGonagall por tu culpa – dijo el animago

Se cubrió con la capa y salió al pasillo. Camino lo más sigilosamente por los pasillos evitando al celador hasta llegar a las escaleras. Subió lo más deprisa que pudo y camino hasta el final del pasillo. Entro al baño e ingreso a uno de los cubículos donde se encerró. Su corazón latía a mil. ¿Y si era cierto y ahora era realmente un Omega? Había ido a escondida a ver a un Alfa quizás a minutos de que su celo llegase. Había sido un verdadero imbécil. Tenía que haber ido a la enfermería a que la señora Pomfrey lo revisara en vez de ir a verse con saber Merlín quien.

Iba salir cuando un fuego interno empezaba a abrazarlo sin control, la ropa estorba, necesitaba quitársela. Sentía como algo corría entre sus muslos. Su lobo interno gritaba llamando a algún Alfa que lo tomase. Su vista se nublo y sus piernas fallaron. La puerta se abrió a tiempo y unos brazos fuertes y varoniles impidieron que se estrellase contra el piso

Caminaba por los pasillos asegurándose que nadie estaba en ellos. El toque de queda ya había empezado. Quería que las horas volasen para regresar a las mazmorras, tenía un mar de tarea para el día siguiente, cuando una rata se dirigía corriendo hacia el baño. Eso le recordaba que su vejiga ya no daba más debido a todo el jugo de calabaza que había tomado durante la cena. Pero ni bien entro al baño de la planta baja sus fosas nasales fueron inundadas por el suave aroma a café muggle, pan recién horneado y flores silvestres. Le recordaba tanto a la cocina de su madre. Se dejó llevar hasta el último cubículo, sin embargo ahí no había nada. Iba salir para revisar los otros compartimientos cuando escucho un sollozo suave. Estiro la mano y la cerro en el aire, jalo suavemente y se encontró con lo último que se pudo imaginar. Sirius Black, su némesis de toda la vida, estaba allí, a punto de desplomarse por lo que por puro instinto rodeo su cintura y lo atrajo hacia él. ¡Era imposible! ¡Black era Alfa! ¿Entonces por qué…?

- ¡Alfa! – suplicaba el león – ¡Alfa! ¡Alfa!

- ¡Sirius! – susurro Severus y volcó hacia atrás para ver como la rata se escapa desesperadamente del lugar

- ¡Alfa! – volvió a suplicar Sirius con un lloriqueo bajo y fue lo último de lo que fue consiente antes que su lobo interno tomase el control absoluto de sus actos

Sus manos se movieron por voluntad propia y se coló debajo de la túnica del león, para acariciar los muslos desnudos, los cuales estaban mojados en la parte interna. Subió un poco más y se encontró con el órgano viril completamente erecto. Enterró su nariz en el cuello de Sirius y aspiró el aroma de la fuente misma, mientras un gemido se escapaba de los labios del león que se restregaba contra la pierna de Snape

- ¡Acuéstate! – ordeno Severus con la voz totalmente ronca y fue obedecido sin chistar. Fuera de sí, le desgarro la ropa en girones hasta abrirla completamente

- ¡Alfa! – suplico Sirius desesperadamente

- Abre las piernas – volvió a ordenar el Slytherine y nuevamente fue obedecido sin titubeo. Severus se acomodó entre ellos y tomo sus caderas para levantarlas

- ¡Alfa! – suplicaba Sirius desesperadamente – ¡Alfa!

- Mío – dijo Severus mientras lentamente introducía la punta de su órgano viril en el Gryffindors

- ¡Alfa! – suplicaba Sirius desesperadamente – ¡Alfa!

- ¡Solo mío! – decía Severus mientras todo su pene se perdía en el interior de su enemigo más encarnizado

- ¡Más! – imploraba el animago – ¡Alfa!

Cuando logro enterrarse completamente en el animago, Severus empezó a moverse lenta, casi tortuosamente dentro del otro chico que gemía perdido en el mar del placer. Fueron varios los minutos que duró el vaivén con el que se movía como si no hubiese un mañana mientras Severus colaba su mano entre ambos cuerpos hasta llegar a la entrepierna del león, la cual empezó a estimular. De pronto, casi en sincronía, ambos hombres se liberaron. Sirius en la mano de Severus, este dentro del león, mientras a la par sus dientes se hundieron en el cuello del Omega. Un grito de placer rompió el silencio el lugar y un lazo se creaba entre ambos chicos.

El sol empezaba a despuntar, cuando ambos adolescentes despertaron desnudos y abrazados. La lucidez volvía a ellos. Dado que era el primer celo de Sirius, se consideraba normal que fuera corto, y de solo un par de hora, y con probabilidades de embarazo casi nulas.

- ¿Qué paso? – dijo Severus bastante desorientado

- ¿Dónde estoy? – pregunto Sirius mirando su desnudez y luego la de su compañero alejándose de prisa – no puede… – y se llevó la mano a su cuello

- ¡Por Merlín! – exclamo el Slytherine – ¿eres un Omega? – pero por respuesta todo lo que consiguió fue una bofetada

- ¡Me violaste! – dijo Sirius con los ojos llenos de lágrimas – ¡tú me hiciste esto! ¡me destrozaste la vida!

- ¿Qué? – dijo Severus sorprendido – ¡tú eres Alfa! ¡Siempre lo pregonaste a los cuatro vientos!

- ¡eres un cínico! – grito Sirius fuera de si – tú me atacaste en los baños hace semanas y me inyectaste algo

- ¿De qué hablas? – dijo Severus sorprendido – yo no te he atacado. Nunca te atacaría. No soy como tú y tus "amiguitos"

- ¿Entonces quién me ataco? – dijo Sirius

- Yo no fui – dijo Severus –. Yo estaba haciendo mi ronda de turno. Entre a revisar el baño cuando me topé con tu aroma y perdí el control

- ¿Entonces quién me cito aquí? – sorprendido

- Debe ser alguien que de verdad te odia – dijo Severus y Sirius levanto una ceja mirándolo – ¡te odio a ti, no a mí, idiota! ¿para que querría yo ser el Alfa de un tipo que solo me humilla y se burla de mí?

- Vengarte – dijo Sirius –. Vengarte porque soy más guapo, listo y popular que tú

- Eres un idiota arrogante que solo pasa de curso gracias a Lily y a Lupin – dijo Severus – y que lo único bueno que hace es meterse en problemas junto a Potter – Sirius le sostuvo la mirada varios segundos, pero de pronto sus ojos se le llenaron de lágrimas y empezó a ser pucheros – ¿vas a llorar?

- No – dijo Sirius pero sus lágrimas cayeron descontroladamente – ¡No quiero llorar! ¡No frente a ti!

- Ven aquí – dijo Severus abrazándolo y Sirius se aferró a él

- Rompe el lazo – suplico el animago – no quiero ser tu Omega. Rómpelo

- Si lo hago, mi Alfa enloquecería – dijo Severus acariciándole el cabello – y tú morirías

- Entonces te engañare – dijo Sirius

- ¿Dejaras que todos sepan que ahora eres un Omega? – dijo Severus – peor aún, ¿Dejaras que todos sepan que ahora eres mi Omega? – y Sirius volvió a llorar – tranquilo lo arreglare – le besa el pelo – encontrare la manera que nadie sepa de tu cambio

- ¿A cambio de qué? – susurro Sirius

- Por ahora no hablemos de dar algo a cambio de algo – dijo Severus –. Eres mi Omega y mi obligación es velar por tu seguridad y bienestar

- ¿Qué haremos si mi celo regresa? – dijo Sirius

- No te preocupes por nada – dijo Severus besándole le frente –. Ahora vístete y regresa a tu casa. Nadie se debe dar cuenta que no pasaste la noche en tu cama

- ¿Pero y mi celo? – dijo Sirius

- Tu celo… – susurro Severus mirando a su alrededor –, creo que ya se lo que haremos. ¿Conoces la sala de los Menesteres? – y Sirius asintió – te espero a las once de la noche ¿está claro? – y Sirius volvió asentir – si tu celo vuelve antes, vete a la Sala de los Menesteres y espérame allí

- Si… Alfa – dijo Sirius y Severus le beso suavemente los labios Ahora… invisibilia – dijo apuntando su varita a la marca del cuello de Sirius y esta desapareció –, nadie vera tu marca. Vístete y vete a la torre – ordenó Severus

¿Ustede creen que Severus miente o no?