Lo Que Antes Fui

El Regalo Ideal

Gracias a Merlín, no había nadie cuando llego a su recamara, por lo que guardo la capa de invisibilidad en el baúl de James y corrió al baño para ducharse. Quería sacarse el olor de Snape de su cuerpo a como diera lugar, aunque estaba muy consiente que eso era imposible. Sus lágrimas se confundían a medida que el agua recorría su cuerpo. Estuvo cerca de una hora bajo el agua. Cuando salió finalmente, se encontró que sus amigos lo esperaban en la habitación

- ¿Qué te pasa Canuto? – pregunto James a penas lo vio – hace días andas raro

- ¿Cómo raro? – pregunto Sirius nervioso

- Diferente – dijo Remus – no eres el Sirius de siempre

- ¿alguien te hizo algo? – pregunto Peter

- ¿Quién me puede hacer algo? – dijo Sirius con una gran carcajada – ¡yo soy la gran Alfa de Alfa, Sirius Black! ¡a mí nadie me hace nada!

- No parece – dijo Peter

- Tú cállate – ordeno Sirius –, aun no se me olvida el castigo de los escruto

- Eso fue a principio de año – dijo James – y ya nos disculpamos hasta el cansancio por eso

- Además no tenemos la culpa de que corras como Omega – dijo Peter

- ¿Qué dijiste? – dijo Sirius furioso – ¡no vuelvas a compararme con un Omega si no quieres que te lance una imperdonable! ¿entendiste?

- Sirius cálmate – regaño Remus –. Peter solo estaba bromeando

- Obvio que todos sabemos que eres un Alfa – dijo Peter sonriendo

- Iremos a Hogsmeade – dijo James – ¿vienes?

- Estoy cansado – dijo Sirius

- Me quedo a hacerte compañía – dijo Remus

- No hace falta – dijo el chico – la verdad es que prefiero estar solo

- ¿seguro? – dijo Remus extrañado

- No te preocupes Mooni – dijo Sirius –. Estaré bien.

Los amigos se fueron dejando a Sirius solo en el lugar. Se metió en su cama, corrió las cortinas y puso un hechizo silenciador. No pudo evitar recordar todo lo que había sucedido la noche anterior y las palabras de Severus: "te espero a las once de la noche" ¿Qué iba hacer ahora? No hacía falta ser un genio para saber que no podría ocultar eternamente su condición, ni mucho menos que a pesar de lo que había dicho, Severus no sacaría ventaja de la situación

Severus había llegado tarde al desayuno, por lo que prácticamente ya no había nadie en el gran comedor cuando bajo. Se sentó en la mesa de Slytherine y su plato apareció al instante. Lentamente empezó a comer mientras trataba de descifrar quien podría, además de él, odiar lo suficiente a Sirius como para hacerle algo como aquello.

Se sentía avergonzado de sentirse como había estado todo el día. Su júbilo era notorio y no había pasado por alto para ninguno de los de su casa. Y es que era imposible no sentirse así cuando su más grande y alocado sueño se había hecho real. Una cosa si tenía clara, no desperdiciaría la oportunidad que la vida le estaba regalando. Se comportaría como un Alfa de sangre pura y defendería Sirius con su vida de ser necesario. Lo respetaría y amaría. No permitiría que nada ni nadie lastimaran a su Omega. Su Omega. Una sonrisa de superioridad se le dibujo en el rostro sin que lo pudiese evitar. Sirius Black era suyo, sola y totalmente suyo, y nada ni nadie podría cambiar su realidad.

Después del desayuno había ido a la lechuceria a enviar con carácter de urgencia la carta que había escrito. Cada minuto contaba y no podía arriesgarse a que nadie supiera que Black era su Omega. No cuando hacía apenas una semana que había entrado a formar parte de los mortífagos de Lord Voldemort. Ese era otro tema que debería tratar con Sirius. Le seducía la idea su Omega también formara parte de eso, y luchara con él codo a codo por los ideales del Señor Oscuro. Si Merlín lo permitía, y las cosas salían como las había planeado, esa misma noche se aseguraría que nadie descubriera lo sucedido con Sirius, y podrían disfrutar su intimidad plenamente cada noche. Eso reforzaría sus lazos sin levantar sospechas sobre su relación

Cuando el reloj marco exactamente las once de la noche, Sirius llego cubierto nuevamente por la capa de invisibilidad a la Sala de los Menesteres. Se pasó tres veces frente a ella pensando en Severus pero nada paso, por el contrario sentía que empezaba a quemarle las entrañas pero respiro hondo y trato de relajarse, cuando de pronto la puerta se materializo frente a él, por lo que entro casi corriendo.

Una vez estuvo dentro la puerta se cerró y las luces se prendieron cuando él dejo la capa invisibilizadora de lado. Cuando su vista se enfocó nuevamente, no daba crédito a lo que veían sus ojos. El verano pasado él había ido un par de semanas de vacaciones al Mundo Muggle y se había hospedado por simple capricho en un hotel cinco estrella, solo había sido una noche, pero había decidido que el día que conociera al o a la Omega con quien sentaría cabeza definitivamente lo llevaría a pasar la noche a ese hotel.

La belleza de ese lugar no consistía en su glamour o su sofisticación, sino todo lo contrario, su sencillez era lo más envolvente. Las paredes de madera, la decoración, los muebles al estilo de Luis XV, el perfume en el aire debido a las flores que habían en los jarrones, hacían de la suite un refugio perfecto para dos enamorados. ¿Por qué pensar en el grasiento que tenía por Alfa lo había llevado a ese lugar? ¿Y desde cuando él aceptaba con tanta naturalidad ser Omega y tener un Alfa?

- Linda cama – dijo una voz risueña detrás suyo –. Parece que alguien quiere un poco de cariño fuera de su celo

- Fuiste tú – acuso Sirius girándose en redondo – tú querías esta habitación ¿cierto?

- Yo acabo de llegar – dijo Severus – lo único que hice para entrar fue pensar en ti, el resto lo hiciste tú solo, sin ayuda. No te avergüences – dijo Severus –. Es natural que desees que tengamos intimidad, soy tu Alfa

- ¿puedes dejar de repetirlo todo el tiempo? – exigió Sirius

- No por dejar de escucharlo, dejara de ser cierto – dijo Severus

- Te odio – dijo Sirius

- ¿sabes que eso es imposible por el lazo que compartimos, cierto? – dijo Severus sonriendo

- Cállate – exigió el Omega

- ¿Cómo te sientes? – dijo Severus con voz suave – ¿no te lastime?

- ¿acaso te importa? – espeto Sirius

- Soy tu Alfa – dijo Severus con simpleza –, claro que importa cómo te sientes

- ¡Deja de repetirlo! – chillo Sirius

- Cálmate – pidió Severus

- ¿para qué me pediste que viniera? – exigió el león

- Bájate el pantalón y acuéstate boca abajo – pidió Severus

- ¡No volveré a tener sexo nunca más contigo! – grito Sirius – eres un… – y cerró los ojos

- Creo que ese nunca más – dijo Severus caminando lentamente hacia el otro chico – no aplica a esta noche

- No… quiero… – dijo Sirius con un tono más bajo y menos imponente – ¡Alfa!

- Shhh… - susurro Severus abrazándolo por la cintura – tranquilo, cielo – susurro besándole los labios y el cuello – ¿acaso no quieres usar esa cama? Se ve tan cómoda

- Alfa… por favor – susurraba Sirius con los ojos cerrados sintiendo como el otro acariciaba lentamente la cintura y deslizaba las manos hacia sus nalgas para apretárselas suavemente – cama

- Bájate el pantalón y acuéstate boca abajo – pidió Severus nuevamente y Sirius obedeció – relájate

- Severus, no quiero – lloriqueo mientras Severus le levantaba las caderas y empezó a besarle los glúteos mientras le introducía suavemente la punta de la lengua en el ano arrancándole suaves suspiros

- Tranquilo – susurraba Severus – te tengo un regalo

- ¿Un regalo? – susurro Sirius con los ojos cerrados

- Un regalo para el Omega más hermoso del mundo – dijo Severus sin alejarse de la piel que succionaba –, pero antes…

Se acomodó entre las piernas de Sirius y lentamente empezó a entrar en él. Con cada empuje Sirius descubría sensaciones totalmente nueva, colores que nunca había visto. Se sentía tan vivo, a pesar de las circunstancias. No quería que eso acabase jamás.

- Solo disfruta mi hermoso Omega – le susurro Sirius el oído – relájate – y fue todo lo que Sirius necesito para perderse en un mundo totalmente nuevo para él

Deslizo su mano hacia la entrepierna del león y empezó a acariciarlo casi tortuosamente mientras empujaba golpeando el lugar exacto que lo hacía desconectarse totalmente de la realidad. Una… dos… tres… veces, y fue todo lo que Sirius necesito para lanzar un grito triunfal mientras se venía en la mano de su Alfa, quien lo mordía suave, cariñosamente sobre su marca

- ¿te gusto? – pregunto Severus sonriendo sobre el cuello de su Omega

- Te odio – dijo susurro este con los ojo cerrados y una sonrisa en los labios

- Cachorro mentiroso – dijo Severus besándole el cuello

- No soy un cachorro ¿está claro? – replico Sirius – y si mal no recuerdo, antes de violarme por segunda vez en menos de veinticuatro hora, me dijiste que me tenías un regalo

- Por suerte no eres interesado – se burló Severus y Sirius se la arreglo para darle un golpe suave – levanta nuevamente las caderas

- No por favor – suplico Sirius –, estoy cansado

- Vamos, levanta las caderas – insto Severus sonriendo –. Nos ayudara durante tu celo

- ¿Qué harás? – dijo Sirius levantando las caderas y enterrando su cara completamente enrojecida en la almohada

- Algo que hará que me odies a morir – dijo Severus

- ¿Más aun? – dijo Sirius

- Digamos que aún no me has empezado a odiar – dijo Severus mientras introducía un objeto de goma en Sirius

- ¿Qué haces? – dijo apretando los ojos mientras se excitaba nuevamente

- Asegurarme que mi lindo Omega este bien atendido cada noche o cuando lo necesite – dijo Severus sonriendo

- Severus – gimió Sirius – Sev… ¡Merlin! Se siente…

- ¿te gusta? – pregunto este sonriendo

- ¡muévelo! – suplicó Sirius apretando las sabanas entre sus manos

- Aun no – dijo Severus depositando otro beso en los glúteos del león e hizo un pase con su varita

- Sev… – suplico Sirius

- Ya está – dijo este – ese es tu regalo – se puso de pie y se empezó a vestir –. Vamos, tengo que probarlo

- ¿Probarlo? ¿Qué vas a probar? – dijo Sirius intrigado – espera, espera, espera, si tú estás ahí ¿Cómo es que yo te siento…? ¡Ah! – dijo cerrando los ojos y moviendo las caderas

- ¡Increíble! – dijo Severus masturbándose lentamente sentando en un sillón frente a la cama

- ¡Alfa! – suplico Sirius moviendo las caderas como si este estuviese dentro suyo – ¡Alfa!

- Ya basta – dijo el Slytherine levantándose y terminando de vestirse –, vamos precioso, tenemos que irnos

- Pero ¿y…? – dijo Sirius desplomándose en la cama – ¿me vas a dejar así?

- Tranquilo, mi lindo omeguita – dijo Severus sonriendo –. Tienes veinte minutos para llegar a tu cama y correr tus cortinas para que nadie nos escuche – y sin más salió del lugar

- ¿A qué te refieres con…? – dijo Sirius y cerró los ojos moviendo suavemente las caderas – ¡veinte minutos! ¡Maldito infeliz! – dijo vistiéndose lo más deprisa que pudo y saliendo rumbo a su torre

Cerca de una hora después, y una vez que las emociones habían bajado sus sensaciones. Sirius estaba molesto acostado en su cama, con las cortinas corridas y un potente hechizo insonorizador alrededor de su cama

- ¡Maldito Snivellus! – gruñía por lo bajo el león – aparte que me volvió a violar, porque me violo, yo no quería estar con un imbécil como él, me metió esta… cosa dentro mío y – intentando sacarse el consolador que supuestamente había introducido entre sus piernas – me dejo prácticamente a medias. ¡Juro que lo castrare en cuanto pueda! ¿Quién se cree para…? – de pronto el objeto empezó a vibrar dentro suyo provocándole las mismas reacciones de cuando Severus lo tomaba – ¡Por Merlín! ¡Sev! ¡Ah! ¡Alfa! ¡Mas!

Acostado en su cama de las mazmorras del castillo, igualmente con las cortinas corridas y hechizadas, cerro pelinegro se masturbaba suavemente con los ojos cerrados y una gran sonrisa en los labios, imaginando como su Némesis de años estaba sentado sobre sus caderas brindándole un placer casi inimaginable