Lo Que Antes Fui

Luchando por ti

Los días pasaron e inevitablemente la guerra estaba a la vuelta de la esquina. Muchos habrían pensado que estar en la guarida del Señor Oscuro era un suicidio para alguien que había peleado tan ferozmente por el bando de la luz, pero había resultado todo lo contrario. A medida que pasaba el tiempo, comprobó que Severus tenía razón, el mejor lugar para él y para cuidar a los suyos, era ese, la fortaleza del mismo Señor Tenebroso. Sin embargo había otras cosas que le preocupaban en igual medida. No hacia falta ser demasiado observador para ver que desde el primer momento Voldemort había desarrollado una especie de fijación hacia él. Solicitaba que Sirius tomara todos sus alimentos con él. Paseara por los jardines con él. Lo acompañara en sus harás de descanso, e incluso cuando trabajaba. Severus sentía celos pero no podía hacer nada, la vida de todos dependía de ellos.

Desde la ventana de su habitación, en la que trabajaba en unas pócimas pedidas por su señor hace algunos días con carácter de extrema urgencia, Severus Snape veía como el único hombre que había amado en su vida paseaba por los jardines de la casa mientras era cortejado por el demente que quería dominar al mundo. Su Alfa interno exigía defender lo que consideraba suyo, su corazón gritaba protegerlo aunque ello significara perder la vida, pero la cabeza le ordenaba sobrevivir para seguir cuidando a su Omega. Sin embargo la naturaleza siempre encuentra el camino para seguir su curso natural

De pronto el tiempo se detuvo, todo paso demasiado rápido. La brisa cambio de rumbo, los ojos dilatados de Voldemort por la lujuria. El lobo interno de Severus aullando en señal de territoriedad. El cuerpo de Sirius ardiendo en la incontrolable necesidad de ser poseído y entre sus piernas un líquido escurriendo desde sus partes más intimas

- ¡Mío! – gruño el mago más tenebroso de todos los tiempos abalanzándose sobre el Omega pero un hechizo lo lanzo hacia atrás

- ¡Mío! – gruño Severus mas alto apareciendo entre ambos hombres con la varita en alto, nadie supo cómo hizo para llegar hasta donde ellos estaban en tiempo record

- ¡Lo quiero! – dijo Voldemort con los ojos llenos de deseos

- ¡Me pertenece! – gruño Severus

- ¡Alfa! – imploro Sirius – ¡lo necesito!

- ¡Aléjate! – exigió desafiante el lobo interno de Severus

- ¡Lo tendré! – dijo Voldemort

- ¡Expelliarmus! – grito Severus en su dirección, lanzando a su amo hacia atrás

- ¡Alfa! – suplicaba Sirius completamente cegado por la necesidad de este – ¡Alfa! ¡Alfa!

Severus tomo a su Omega de la cintura y lanzando hechizos a diestra y siniestra corrió hacia la puerta, donde ambos se aparecieron mientras Voldemort los llamaba a gritos.

Ambos hombres llegaron a casa del pocionista muy seguido de mortífagos de los que Sirius se deshizo en cuanto recupero su varita que había dejado olvidada en la mesa de la sala. El Omega lanzo un hechizo sobre Bella justo cuando esta le lanzaba un Avada a Severus, por lo que este cayó sobre otro mortífago de menor escala matándolo al instante

- ¡Sirius! – grito su Alfa y este le agarro la mano para desaparecer al instante

Cayeron sobre el suelo de bosque. Desaparecieron nuevamente y reaparecieron en una cueva en la playa. Sin detenerse a pensar, Severus empezó a poner todo tipo de hechizos protectores. Diez minutos después caía sentado al lado de Sirius. Fue allí cuando sintió nuevamente el llamado de su Omega. Sabía que nadie los encontraría. El deseo lo cegó de nueva cuenta y se entregó a él

Un gruñido posesivo salió de lo más profundo de su ser mientras tomaba al Omega de la cintura y aspiraba su aroma. Lo desvistió lo más rápido que sus manos le permitieron sin desgarrarle la ropa

- ¡Alfa! ¡Entre en mí! – suplicaba Sirius presa de un deseo irrefrenable

- ¡Mi precioso y delicado Omega! – dijo Severus devorando sus pezones con fuese el manjar más exquisito que existiera

Lentamente sus labios fueron bajando por su pecho hasta llegar a su vientre plano y muy bien trabajado. Suaves gemidos inundaron el lugar mientras una boca deseosa de saborear la gloria llegaba hasta la entre pierna del animago, devorando completamente ese pedazo de carne que ya estaba erecto y a la espera de ser atendido. De un solo bocado lo trago entero arrancando el mayor de los placeres al Omega. Las manos lo recorrían entero mientras él abría las piernas para que Severus se acomodara entre ellas. Pequeñas mordidas se aglomeraron en su cuello formando una especie de collar alrededor de este

Sus brazos se enredaron en el Alfa aferrándose a este como si no existiese un mañana. Un dedo se coló entre las piernas de Sirius, lejos de darle placer, dándole solo más necesidad de la atención del otro hombre

- ¡Más! – suplicaba – ¡Quiero más! ¡Más! ¡Más!

- ¿Te gusta, mi hermoso? – dijo Severus metiendo un segundo, un tercer dedo y moviéndolo dentro suyo. Hace tiempo que Sirius no usaba el pluying, no lo necesitaba. Severus se encargaba de ese tema personalmente desde que habían llegado a casa del Lord y más allá de lo que Sirius quisiera reconocer en voz alta, el mortífago lo hacía muy bien

- ¡Alfa! – decía Sirius con los ojos cerrados

Un cuarto dedo se unió a los otros en la preparación para recibir a un Alfa que ansiaba reclamar nuevamente aquello que le pertenecía solo a él.

Los gemidos de ambos hombres se confundían creando una sinfonía sin igual cuando los dedos fueron remplazados por otra parte del cuerpo del mortífago.

Severus se movía con total y absoluta libertad dentro de su Omega. Era suyo. Le pertenecía. Sirius Black era todo lo que había querido siempre. Su máximo sueño hecho realidad. Y si debía desafiar al mismísimo Señor Tenebroso, no solo lo haría, sino le ganaría. No permitiría que nada, ni nadie lastimaría a su Omega, ni al cachorro. Esa era su familia y la defendería aunque le costase la vida

Al igual que sus cuerpos, dos gritos se fundieron en uno solo inundando la noche cálida cuando la gloria misma bajo hasta ellos mientras las entrañas de Sirius eran inundadas en busca de la perpetuidad de la especie. En busca de fundirse aún más con el hombre que amaba

El sol despuntaba en el cielo cuando Sirius despertó desnudo entre los brazos de su Alfa que acariciaba suavemente su espalda. Le fue imposible no removerse suavemente, por lo que recibió un beso en el cabello

- ¿Cómo estás? – pregunto Severus suavemente

- Los matara, Alfa – Sirius sollozo escondiendo el rostro en el pecho del hombre –. El Señor Oscuro matara a Remus y a mi niño

- Remus sabrá cuidarlo – dijo Severus –, además jamás permitiría que le pasara nada malo al cachorro. Ya hice algunos arreglos desde aquí

- ¿Cuáles? – dijo intrigado

- ¿Tienes hambre? –pregunto Severus

- Algo – respondió Sirius consiente de que Severus no le respondería – pero no tenemos nada

- ¿Qué dices sobre ir al Mundo Muggle? – dijo Severus sonriendo

- ¿Hablas enserio? – pregunto Sirius sorprendido y su Alfa sonrió – ¿nos esconderemos allí?

- ¿Te gusta la idea? – pregunto Severus – por ahora es el lugar más seguro para nosotros. Él nos buscara tanto como a Harry, te lo aseguro

- No entiendo – dijo Sirius – ¿Por qué se obsesiono conmigo?

- No eres tú – respondió Severus –, es Harry. Quiere atraerlo usándote de rehén. Quiere que vea que puede lastimarlo cuando quiera y en lo más profundo

- Pero soy tu Omega – dijo Sirius y algo dentro del pecho de Severus se llenó de orgullo. Sirius Black lo reconocía como su Alfa – Tú no lo vas a permitir ¿cierto? – dijo Sirius nervioso

- Nunca – dijo Severus con total certeza – Lo que sea importantes para ti, es importante para mi

- Aun quiero volver a ser yo – dijo Sirius – Quiero ser Alfa nuevamente y regresar con mi manada – y Severus sintió que le clavaban una puñalada por la espalda. Lo estaba dando todo por conquistar a ese Omega pero era imposible. Simplemente no podía retenerlo. Solo le quedaba una alternativa, pero esa estaba fuera de discusión, jamás lo embarazaría contra su voluntad. Lo amaba demasiado como para hacerle algo así

Tal y como Severus había prometido, fueron al Mundo Muggle a esconderse. El Alfa procuraba que su Omega supiera lo menos posible sobre el transcurso de la guerra. No porque lo quisiera aislar, sino porque le quería ahorrar un sin fin de preocupaciones. Aunque lo que no podía, ni quería esconderle, eran las noticias sobre su cachorro. Ni Sirius, ni Remus lo habían traído al mundo, pero era suyo y eso era algo que él siempre respetaría

En la casa que se estaban escondiendo, Severus había instalado un laboratorio para trabajar en las opciones que clandestinamente le enviaba al bando de la luz para resistir los embates del Señor Oscuro, que desde que ellos se habían escapado se había vuelto mucho más cruel en sus ataques. Les habían llegado rumores que Hogwarts se había convertido en un centro de tortura con el fin de hacer que Harry saliera del escondite donde se había refugiado desde mediados de Abril. Le preocupaba su pequeño, era cierto, pero estaba tranquilo en cierta medida, sabía que Remus jamás permitiría que nada malo le pasara, y donde sea que estuviera, tenía la certeza que estaba luchando por destruir a ese monstruo

A menudo pensaba en que diría Harry sobre su situación ¿Lo aceptaría? ¿Lo rechazaría? ¿Se pondría de parte de Remus y lo juzgaría? ¿O escucharía su versión y trataría de entenderlo? Y si Severus cumplía con su palabra y encontraba alguna manera de revertir su situación ¿Cómo lo tomaría su cachorro? Su cachorro. Sonreía al pensar en Harry de esa manera. El chico ya era un hombre, pero él siempre lo vería de la misma manera. Como su cachorro

¡Y el gran día para todos llego! Después de un sinfín de escaramuza, el dos de Mayo, la batalla se había desatado en Hogwarts. Severus no puso ni el más mínimo reparo para ir, es más, juraría que estaba casi tan ansioso como él. La batalla fue dura y muy cruel, pero Harry había vencido finalmente. ¡Por fin Voldemort estaba muerto! No había más Señores Oscuros que amenazaran sus vidas. Ni que persiguiera a los magos por sus orígenes. ¡Todo había terminado! Sin embargo la fatalidad llamaría a su puerta una vez más

No se había sentido capaz de enfrentar a Harry y a Remus aun, por lo que le había pedido a Severus que se fueran a casa y este había accedido. Salieron del colegio sin ser vistos. Llegaron al punto de aparición y lo hicieron a una cuadra de la casa de Severus. Estaban por entrar cuando alguien los llamo por atrás

- ¿Qué haces tú aquí? – dijo Severus con la varita en alto

- Vengo a recuperar lo que me pertenece – dijo el atacante – ¡Yo transforme a Sirius en Omega, pero tú tenías que meter tus narices y llevártelo! Pregonas que siempre odiaste a James, pero eres igual de arrogante que él ¡Sirius es mío! ¡Solo mío!

- ¿Entonces fuiste tú? – dijo este sorprendido

- Siempre debí ser yo – dijo el Beta – ¡pero a partir de hoy lo seré! ¡Avada Kedabra! – grito y una luz verde salió de su varita en dirección al pecho de Severus