Lo Que Antes Fui

Precioso Omega

¡No podía ser! ¿Por qué le pasaba esto a él? ¡No era justo! Después de toda una vida, Severus Snape, su Némesis, el blanco de sus bromas colegiales, su Alfa, estaba allí, sentado en su sala tomando el té con el hombre que había elegido para compartir su vida como si fuera lo más normal del mundo. Saludo con la cabeza disimulando su nerviosismo lo mejor que pudo

- Vaya – dijo Severus sonriendo – nunca pensé que fueras un hombre al que le gustaba esa cursilerías

- Son para ti – dijo Sirius entregándole el ramo al otro Omega ignorando completamente el comentario malicioso

- Sirius es un amor – dijo Remus mirando con ojos enamorados a su pareja –. Soy el Omega más afortunado del mundo

- No me imagino cuanto – dijo Severus

- ¿A que debemos el honor, Snivellus? – dijo sentándose al lado de Remus y entrelazando su mano a la de este

- Sirius – regaño el hombre lobo –. Discúlpalo Severus, no logro domesticarlo completamente aun

- No te preocupes – dijo la visita –. Se de sobra como este… perro

- Ya, no peleen – dijo Remus –. Ya no estamos en el colegio para hacer esto. Invite a Severus a cenar, así que no quiero peros

- Arruinas mi diversión, cariño – dijo Sirius besándole el cabello al Omega castaño

- Voy a ver la comida – dijo Remus sonriendo –. No se maten durante los próximos cinco minutos – y se fue

- ¿Qué rayos haces aquí? – exigió Sirius entre dientes en cuanto estuvieron solos

- Volví por mi precioso Omega – dijo Severus sonriendo mientras lo miraba lujuriosamente – ¿no es obvio?

- Vete – suplico Sirius – yo ya tengo una vida. No la arruines por favor

- Soy tu Alfa y tengo todo el… – dijo Severus

- ¡Cállate! – suplico Sirius – ¡nadie debe saber eso!

- La cena ya está lista – dijo Remus saliendo de la cocina – pasemos al comedor

- Sirius me estaba diciendo que eres un chef increíble – dijo Severus

- Exagera – dijo Remus sonriendo mirando a su pareja

- Tú eres perfecto – dijo Sirius

- Pues tú lo serias si no me sacaras tantas canas verdes – dijo Remus –, pero ni modo, así te amo – dijo Remus dándole un pequeño beso en los labios

- Vaya que eres afortunado – dijo Severus sonriendo

- Lo sé – dijo Sirius sonriendo

- ¡El arroz! – dijo Remus y volvió corriendo a la cocina

- ¿Acaso piensas darme celos? – pregunto el Alfa acorralándolo contra la pared y abrazándolo por la cintura con una mano y con la otra acariciándole el muslo mientras le besaba el cuello – hubiese encontrado a alguien más digno

- Basta – dijo Sirius intentando zafarse – Remus nos puede escuchar

- Ya va siendo hora que sepas a quien le perteneces – dijo Severus

- Yo no le pertenezco a nadie – gimió Sirius con los ojos cerrados

- Desde mi perspectiva, parece diferente – dijo Severus besándole los labios y agarrando la mano del león para llevarla a su entrepierna – mira todo lo que te espera para mañana

- ¿Mañana? – dijo Sirius sorprendido viéndose obligado a masajear suavemente el órgano viril del Alfa – ¿A qué te refieres?

- Te quiero mañana a las siete de la noche en mi hotel – dijo Severus entregándole un papel doblado –. Tenemos que volver a prepararte para retomar nuestra vida… marital

- ¿Y si no voy? ¿Qué pasara? – dijo Sirius desafiante

- ¿De verdad quieres averiguarlo? – dijo Severus

- Si me pones el pluying de nuevo – dijo Sirius – Remus se dará cuenta y…

- ¿Piensas seguir jugando al súper Alfa? – dijo Severus sonriendo levantando las cejas

- Llevamos quince años juntos – dijo Sirius –, no puedo terminar con él de la noche a la mañana sin darle ninguna explicación

- Pues nunca debiste mentirle – dijo Severus – ¡eres un Omega marcado!

- Te fuiste – dijo Sirius

- ¿Acaso me extrañaste? – dijo Severus sonriendo

- Sirius – dijo Remus desde la cocina –, ayúdame por favor

- Ya voy cariño – dijo este zafándose para casi correr hacia allá mientras recibía una nalgada de un muy sonriente Severus

La cena fue muy extraña para Remus, pues contra todo pronóstico, Severus respondía a las bromas de su amigo de la misma manera, pero no había animosidad en ellas, al menos de parte del Slytherine, quien se mostraba bastante animado por estar de vuelta en Londres tras tantos años de ausencia

Cuando el reloj marcaba exactamente las siete de la noche del día siguiente, el timbre de la casa de Severus Snape sonó, y este no pudo evitar sonreír. Él no quería lastimar a su ex compañero, él en verdad quería una oportunidad real para que eso funcionase

Abrió la puerta y lentamente Sirius la atravesó, de la misma manera que un condenado a muerte camina hacia el patíbulo. Se paró en medio de la sala exhalo dejando caer los hombros. Severus no pudo evitar sonreír ante la actitud tan derrotista del Gryffindor

- ¿Por qué me haces esto? – dijo Sirius

- Soy tu Alfa – dijo Severus acercándose –. Es natural que quiera estar contigo. Sirius, volví por ti, hermoso – dijo tomando su rostro entre sus manos –. Las cosas se van a complicar y no quiero que salgas lastimado

- ¿Qué quieres decir? – dijo Sirius

- Después hablamos de eso – interrumpió –, ahora vamos a cenar

- No tengo hambre – dijo Sirius

- Mmm, me gusta – dijo Severus abrazándolo por la cintura –. pasemos directamente al postre

- ¿solo piensas en sexo? – protesto Sirius zafándose

- Cuando tu nombre está en la oración, si – dijo Severus sonriendo –, ya enserio, ¿quieres cenar? Hice tu plato favorito

- ¿Tú cocinaste? – dijo Sirius sorprendido

- Y solo por ti – dijo Severus –, pero no te acostumbres. Cuando vivamos juntos, tú te harás cargo de la casa

- ¿Vivir juntos? – dijo Sirius sorprendido – nunca hablamos de eso

- ¿Hacía falta? – dijo Severus – ¿tengo que recordarte en cada oración que somos?

- ¡Severus, desapareciste quince años! – dijo Sirius –, no un día ni dos. Yo hice una vida, forme un hogar

- Cuando formaste tu "hogar" debiste ser honesto y decir que eres un Omega marcado y que tu Alfa volvería en cualquier momento – dijo Severus molesto –. Quien engaño a Lupin y al mocoso fuiste tú, no yo

- Lo sé – dijo Sirius sentándose en el sofá de manera derrotista –, pero no sé qué hacer. Solo quería que mi niño creciera en un hogar real

- ¿Te das cuenta que ese fue tu instinto Omega gritando? – dijo Severus sentándose a su lado y abrazándolo de manera protectora

- No quiero perder a Harry, pero cuando se entere de todo me odiara por lo que le hice a Remus – sollozo Sirius –, y con justa razón

- Ven aquí hermoso – dijo sentándolo en su regazo mientras Sirius escondía su rostro entre los pliegues de su ropa – tranquilo. Necesito que entiendas que esto no es un capricho mío. Es nuestra naturaleza – dijo besándole el cabello

- No quiero que mi cachorro me odie, Alfa – sollozo Sirius –. Soportaría todo, menos eso

- Mírame – ordeno Severus que le limpio delicadamente las lágrimas en cuanto este levanto el rostro –. No creo que Harry te odie, eres su imagen paterna. Has hecho todo por él. Cálmate. La verdad es que por el momento es más seguro para todos que las cosas continúen como hasta ahora

- ¿Eso quiere decir…? – dijo Sirius emocionado

- Eso quiere decir – dijo Severus – que debes pensar en una manera de solucionar todo esto antes que algo pase

- ¿Algo como qué? – pregunto intrigado

- Hermoso – dijo Severus acariciándole el cabello –, estamos en medio de una guerra y yo estoy en el bando contrario al de tu ahijado

- Pero tú eras un doble agente – dijo Sirius sorprendido

- Y lo sigo siendo – interrumpió Severus –, mi bando siempre será en el que tú y Harry estén

- ¿entonces? – dijo Sirius confundido

- Llegará el momento en el que el Señor Oscuro me ordene quedarme para pelear frontalmente – dijo Severus – y si quiero protegerte a ti y al cachorro, deberé hacerlo, y cuando eso pase deberás irte conmigo

- Dejar a Harry – susurro Sirius con pesar apoyando la cabeza en el hombro del Alfa

- Será para protegerlo – dijo Severus – y lo sabes

- Si…

- Vamos comamos – dijo Severus mordiéndole suavemente el cuello – quiero que aprovechemos bien el tiempo que estemos juntos. Después te pondré el pluying. Tranquilo, nadie se dará cuenta de nada. Ni siquiera Remus si te ve desnudo

Lentamente esas manos inquietas le quitaban la ropa mientras esa boca golosa degustaba de cada milímetro de piel que quedaba al descubierto mientras bajaban hacia esas piernas torneadas, producto del ejercicio requerido para practicar el quiddich. Llegaban hasta las rodillas y volvían a ascender hasta llegar a la entrepierna, la cual acariciaban con infinita delicadeza, llevándolo a un éxtasis total, que lo hizo despertar a él y a Remus que dormía plácidamente entre sus brazos.

- ¿Amor, estas bien? – pregunto el castaño preocupado

- Si – dijo Sirius besándole la frente – vuélvete a dormir

- Difícilmente me poder dormir si mi Alfa está necesitándome – dijo Remus

- Moony… – dijo Sirius con los ojos cerrados mientras este le quitaba los pantalones y se metía su miembro a la boca – ¡Merlín bendito!

- ¿Estoy haciéndolo bien, Alfa? – dijo Remus con una sonrisa pícara en los labios

- Demasiado bien, mi lobito – respondió Sirius con la misma clase de sonrisa – ven acá – dijo tomándolo de la cintura sorpresivamente haciendo que este lanzara un pequeño grito en medio de una carcajada – ahora veras lo que es un Alfa – le bajo los pantalones y le devoro literalmente la entrepierna hasta llegar a su ano mientras el castaño solo gemía aferrándose a las sabanas y suplicaba profundizar aún más el contacto – ¿así?

- Si – gemía Remus con los ojos cerrados – entra Alfa. Te necesito

Como cada vez que tenían relaciones, Sirius enterraba su cara en el cuello de su pareja y se abrazaba a él lo más fuerte que podía, mientras se hundía en el interior del hombre lobo y al mismo tiempo alzaba sus propias caderas lo más que podía sintiendo como un miembro invisible entraba también en él y marcaba el ritmo con el que se movería dentro del castaño.

Su cabeza le gritaba que saliera de dentro del otro Omega y corriera a encerrarse en el baño hasta que todo pasara, pero simplemente no podía no podía detenerse. Su cuerpo necesitado de la presencia de su Alfa lo traicionaba haciéndole entregarse a la ilusión de la cual era víctima, mientras Remus creía ciegamente que cada gemido, cada embestida era producto del inmenso que se profesaban el uno al otro, mientras en un cuarto oscuro en alguna parte de la gran Londres, un Severus Snape sonreía con los ojos cerrados mientras llegaba al clímax acariciándose su miembro sintiendo el interior cálido de su Omega

La mañana de ese veinte de mayo se sentía en el aire la alegría que traía cada cercanía del fin de curso. Dentro de unas horas tendrían a Harry seguro nuevamente en casa y entonces se embarcarían juntos en busca del último Horrocruxes que faltaba para vencer a Voldemort, lo cual significaba que Severus revertiría todo y él volvería a ser el Alfa que siempre fue. Nadie sabría lo que había pasado en tantos años y podría finalmente marcar a Remus como suyo

- Moony, date prisa – grito Sirius desde la sala – no quiero llegar después del expreso

- Ya voy, ya voy – dijo Remus entrando a la sala – ¿Cómo me veo?

- Como lo que eres – dijo Sirius abrazándolo –, el Omega más hermoso que pueda existir

- Pero este Omega no te ha dado aún ningún hijo – dijo Remus de pronto entristecido

- Ya hemos hablado de eso – dijo Sirius –, eso no es importante para mi

- No mientas Sirius – dijo Remus –, todos los Alfas quieren sus propios cachorros

- Pues yo no soy como los otros – dijo el castaño besándolo –, yo soy solo tuyo

- Dime la verdad, Alfa – dijo Remus – ¿no me marcas por que no he sido capaz de darte cachorros?

- Claro que no – dijo Sirius sonriendo –, en cuanto la guerra termine lo haremos y ya verás que seré capaz de embarazarte esa misma semana

- ¿Me lo juras? – dijo emocionado – no vayas a pensar que no quiero a Harry

- Yo jamás pensaría eso – dijo Sirius sonriendo –. Harry es nuestro hijo y es lógico que queramos darle hermanos – la chimenea se activó pidiendo permiso para dejar pasar a alguien – ¿Quién será? – dijo mientras Remus dejaba pasar a la visita. Pero segundos después su alma se le fue al piso