Lo Que Antes Fui

Tiempos de Cambios

Los días pasaron y con ellos los meses. Severus y Sirius habían llegado al acuerdo de que frente a todos las cosas entre ellos seguirían tal como estaban, es decir, Severus siendo el blanco de las bromas de los Merodeadores todo el tiempo, y Sirius cumpliendo sus obligaciones de Omega cuando estuvieran a solas.

El fin de curso estaba cerca, y con ello, la graduación. James no hablaba de otra cosa que no fuese de casarse con Lily y entrar al cuerpo de aurores. Ya había conseguido la venia de sus padres y de sus futuros suegros para ambas cosas. Peter andaba un poco misterioso, y todos estaban convencidos de que el beta salía a escondida con alguien, pero tampoco lo presionaban para decir nada, "total, solo es Peter" solía decir Sirius con una sonrisa casi gatuna, y se enfrascaban en conversaciones más entretenidas.

La graduación llego y Sirius había conseguido el permiso de su Alfa para ir al baile con Remus, a pesar de los celos que esto le provocaba, pero a Severus seguía sin convenirle que nadie supiera sobre su relación con el, ahora, Omega, por lo que no le quedo más alternativa que ver a ambos leones bailar toda la noche muy acaramelado, sin embargo sonreía al recordar las condiciones que había impuesto para que eso ocurriera. Así que cada que consideraba que ambos leones estaban demasiado cerca, bajaba disimuladamente la mano por debajo de la mesa y sonreía aún más al ver como instantáneamente Sirius se alejaba del castaño y sonreía incómodo.

- ¿Sirius estas bien? – dijo Remus ya preocupado por el comportamiento del chico

- Si Moony – dijo este sonriendo –, necesito ir al baño, ahora vengo – y se alejó lo más de prisa que pudo dejando a su amigo totalmente confundido

- Severus – dijo Lucius sonriendo de la mano de Narcisa en la mesa del otro lado de la pista –, te ves bastante animado

- Déjalo Lucius – dijo la joven –, seguramente ya conoció al Omega indicado

- Tal vez – dijo Severus con la vista fija en el Gryffindor que caminaba hacia los baños –. Ya vengo

Sirius Black llego al baño lo más rápido que pudo y se metió en uno de los cubículos, pero cuando iba cerrar la puerta algo se lo impidió provocándole un gran susto

- ¿Acaso veo un lindo Omega necesitado? – dijo Severus sonriendo con malicia

- Basta por favor – suplico Sirius

- ¿Por qué coqueteabas con Remus? – dijo Severus caminando hacia él

- Detenlo – empezaba a llorar

- ¿Por qué coqueteabas con Remus? – repitió Severus

- ¡No lo hacía! ¡No lo hacía! – sollozaba el Omega con la entrepierna completamente mojada

- Tú y yo teníamos un trato – dijo Severus sentándose en cuclillas frente al otro – irías a la graduación con Lupin, pero como amigos. Y lo que yo vi allí afuera no era precisamente el trato de dos amigos

- Perdón – suplicaba Sirius arrastrando su espalda por la pared hasta quedar sentado en el suelo con las piernas abierta en V – perdón

- Creo que aún no has entendido cuan celosas y posesivas podemos llegar a ser las serpientes – dijo Severus acomodándole el cabello y acariciándole el rostro – dime Sirius ¿te gustaría que saliera y le demostrara a todos cual es la verdadera naturaleza de nuestra relación?

- Mi Alfa dijo que eso no le convenía – dijo Sirius

- Pero eso puede cambiar en cualquier momento, precioso – dijo Severus besándole el cuello –, como por ejemplo en este momento

- No lo hagas – suplico Sirius –, por lo que más quieras en la vida, no lo hagas

- ¿Qué me darías a cambio? – dijo Severus abrazándolo por la cintura y metiendo su mano bajo la camisa de Sirius para acariciarle la espalda

- ¡Lo que tú quieras! – respondió Sirius con los ojos cerrados

- Sirius – dijo Remus entrando en el lugar –, Canuto ¿estás aquí?

- Contesta – le ordeno Severus al oído mientras le bajaba lentamente los pantalones y le quitaba el pluying– no queremos que el lobito se preocupe ¿no?

- Sirius – dijo Remus

- Estoy bien Moony – dijo Sirius apretando los ojos mientras Severus entraba lentamente en su entrepierna ya completamente lubricada – en un momento regreso a la fiesta

- Te espero – dijo el Omega preocupado

- No hace falta – respondió Sirius mientras su Alfa se movía dentro suyo –, enseguida te alcanzo

- Sirius, ¿no quieres que te ayude con algo allí adentro? – dijo Remus completamente sonrojado – después de todo, ya lo habíamos hablado, tú… yo… bueno, ya sabes

- No Moony – dijo Sirius mientras Severus se movía con mayor ímpetu – estoy bien

- Bueno – dijo el otro Omega con algo de decepción en la voz – no tardes – y salió del lugar

- ¡Ayuda, eh! – dijo Severus dando una estocada final antes de llegar al clímax provocando el grito triunfal de ambos – ¿De qué ayuda hablaba Lupin? – pero Sirius no contesto – ¿De qué ayuda?

- Habíamos hablado de la posibilidad de dar un paso más en nuestra relación – dijo Sirius

- Tu madre jamás lo aceptaría – dijo Severus sorprendido

- Claro – dijo Sirius irónicamente –, como te va recibir a ti con los brazos abiertos ¿no?

- No me repliques – regaño Severus

- ¡Alfa! – dijo Sirius apoyando la cabeza en el hombro de este

- Ya lo sé – dijo Severus con una sonrisa en los labios – solo pongo nuestro juguete en su lugar – colocándole el pluying – ya te puedes ir. Ah una cosa más Sirius, te espero en esta dirección esta noche a las diez – entregándole un papelito doblado – allí estaremos más tranquilos. Si faltas, te juro que todos sabrán tu secreto. Empezando por tu "adorada" madre y tu querido Lupin – se vistió y salió sin mas

Remus estaba intranquilo cuando Sirius finalmente apareció

- ¿Ya estas mejor, Canuto? – dijo Remus acariciándole el cabello mojado al pelinegro

- Si Moony – dijo este sonriendo –, no te preocupes

- Tu madre te estaba buscando – dijo Remus

- No tengo ganas de discutir en este momento – dijo Sirius –. Vamos por algo para beber – a la distancia Severus solo podía sonreír con malicia recordando lo que había pasado en los baños hacía apenas y unos minutos atrás

Las cosas siguieron su curso, y tal como Severus prometió, nadie sabía sobre su relación. A todos les sorprendido el hecho de que el chico Black decidiera tomarse un año sabático para vivir en el mundo muggle, aunque claro también estaba lo de la guerra contra Voldemort, y él quería tomar parte más activa pero Severus se lo prohibía terminantemente. Ellos se veían a escondidas, dos veces a la semana en un hostal muggle a las afuera de la ciudad, y por lo general siempre discutiendo de la misma manera

- ¡Dame una sola razón! – exigía Sirius – ¡Una sola!

- Es peligroso – decía Severus –. Eres un Omega y en cualquier momento puedes quedar embarazado

- Ya te he dicho que no quiero tener hijos aun – gritaba Sirius – Es más cuando los quiera me los dará mi Omega, no yo a ti

- Pero el Alfa aquí soy yo – decía Severus –, así que soy yo quien decide eso.

- No es justo – volvía a gritar Sirius – prometiste encontrar la manera de revertir esto y hasta ahora nada

- Se lo que prometí – decía Severus –, pero te juro que no encuentro la manera sin matarnos en el proceso

- Lo que pasa es solo te estas vengando de mí, maldita serpiente – terminaba gritando Sirius

Sin embargo cierta noche todo cambio.

El treinta y uno de Octubre de 1981 era una noche templada, el mundo se preparaba para celebrar Halloween, ellos no. Cerca de las ocho llego el patronus. Esa noche la Orden atacaría la guarida de Voldemort y los tomarían por sorpresa, el mismísimo Dumbledore iría con ellos ¿Qué podría salir mal?

Sin embargo, todo salió mal. Era una trampa. Habían bajado la guardia y el precio había sido muy alto. Voldemort había dado con el escondite de los Potter y había ido por ellos. Después de asesinar a James había subido a la habitación del hijo de este, allí asesino a Lily, y cuando quiso terminar, el trabajo, algo había sucedido. El niño estaba protegido por magia muy antigua que ni siquiera él conocía, así que cuando lanzo el Avada Kedabra sobre el pequeño Harry, el hechizo había rebotado y lo había golpeado de lleno, haciéndolo desaparecer al instante, dejando tan solo su túnica como evidencia de su paso por el lugar. No había muerto, pero simplemente ya no estaba

El Mundo Mágico estallo en júbilo. La guerra había terminado. Sin embargo su familia había sido mortalmente herida. James y Lily habían muerto dejando a Harry totalmente desamparado. Peter había desaparecido completamente. Y aunque Remus estaba a su lado, él tenía un futuro totalmente incierto. ¿Severus volvería y lo reclamaría? ¿O por fin lo dejaría en paz?

Pero el tiempo hizo su paso inexorable. Habían sido años de vivir en una eterna agonía. Años de creer que en cualquier momento el Slytherine diría quien era en realidad y destruiría su mundo completamente. Los días trajeron semanas, que se convirtieron en meses, y esos meses en años.

Como padrino de Harry, la custodia del menor había sido entregada completamente a él, quien con el paso de los años había fortificado sus lazos con Remus, quien gracias a esa relación había encontrado el equilibrio perfecto para afrontar su licantropía. Durante los catorce años que llevaban juntos, nadie se había percatado jamás lo que él era en realidad, ni siquiera el propio Remus. Al parecer, de alguna manera Severus había bloqueado sus celos completamente, aunque eso no significaba que había revertido lo que le había pasado. Prueba irrefutable de ello era que no podía negarse a sí mismo la gran atracción que sentía hacia Alfas apuestos y fuertes. Nadie se daba cuenta de sus inclinaciones, pero él sabía que estaban allí, y que jamás se irían.

Habían hecho un gran trabajo con Harry, quien a pesar de lo que había vivido era un gran chico en todos los sentidos. Se sentía orgulloso de su cachorro, como lo llamaban, a pesar que muy dentro de él, sentía la necesidad de darle uno propio a su Alfa. Ese Alfa que llevaba quince años sin ver. Que nunca había dado señales de vida tras la caída del Señor Oscuro, a Merlín gracias, pero que a veces lo hacía pensar en por qué no había muerto tras su abandono.

Aun recordaba la última vez que lo había visto como si lo hubiese vivido hacía apenas unas horas, pero no era momento de pensar en eso. Nunca era momento de pensar en eso. Mientras mas lejos lo tuviera de sus actual vida, mucho mejor.

Era jueves, por lo que él salía antes de su trabajo en la tienda de escobas. Paso, como cada semana, por la florería para comprarles un ramo de geranios a su novio de toda la vida, y una caja de chocolates. Su lobito, como él lo llamaba, era un adicto a ellos. Llego al departamento que ambos compartían en el centro de la ciudad, y se cambió ropa. Le tocaba preparar la cena, y aprovecharía que Harry estaba en la escuela para hacer algo romántico. A Merlín gracias, Severus había tenido la decencia de quitarle el hechizo al pluying que usaba, por lo cual no le había sido impedimento invisibilizarlo cuando este se había ido. Cualquier Omega diría, cuando lo abandono, él solía pensar, cuando lo libero

- Cariño, ya llegue – dijo Sirius entrando al departamento con una sonrisa radiante –, te traje un regalo que te va encantar

- Mira quien nos visita – dijo Remus sonriendo también. Pero la sonrisa se congelo en el rostro del animago cuando levanto la vista