Si los retratos hablaran

Chapter 11

Disclaimer: HP le pertenece a J.K. Rowling

Si los retratos hablaran

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Capítulo 11

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Ginny era...un soplo de aire fresco.

Estaba viva, sonreía, lloraba, gritaba y lo más importante de todo era que Draco podía tocarla, sin que sus dedos atravesaran su piel y se congelaran en el proceso. Era cálida, y lo abrazaba. Repentinamente, sin aviso. Como si no hubieran pasado apenas tres semanas desde que ambos empezaron a hablar y a encontrarse bajo un árbol cerca del lago para mirar silenciosamente el cielo. Pronto, dejó de tensarse cada vez que ella lo tocaba de alguna manera, y empezó, poco a poco a responderle. Pequeñas palmaditas, suaves abrazos, choque de palmas. Era diferente de Astoria, que mantenía la elegancia ante todo. O Pansy, que era demasiado astuta y tenía un sentido de humor más sarcástico. Ginny era, bueno, lo que esperarías de una gryffindor. Los slytherin mantenían la cautela entre las palabras. Ginny las soltaba sin más. No era algo a lo que estuviera acostumbrado Draco. Él sabía cuando un slytherin estaba planeando en atacarte tras una sonrisa. Sabía cuando los ojos de alguien gritaban ira o tristeza, tras miradas educadas. Cuando alguien te amenazaba entre palabras. Cuando las personas te demostraban aprecio tras palabras aparentemente indiferentes. Él no sabía como lidiar con movimientos bruscos, sentimientos expresivos. Cuando Draco la miraba sin idea de qué hacer, o se congelaba ante un gesto nuevo, Ginny decía que era como un robot, ¿qué era eso?,y empezaba a contarle decenas de cosas sobre su padre y sus aficiones muggles. Ninguno mencionaba la aparente soledad de ambos. Con los pasos de los días, Draco rió, bromeó y habló de sus propios miedos. De cómo la gente lo trataba, de cómo no estaba seguro de lo que hacía. No sabía cuánto había anhelado el contacto con los demás, hasta que ella lo abrazó. Hasta que empezó a saludar de lejos en los pasillos, donde por alguna razón no cruzaba palabra con el trío dorado. Hasta que a veces le daba un empuje amistoso mientras iban a clases, o se sentaba frente a su mesa en la biblioteca, con la intención que Draco le explicara algo que no había entendido.

Era extraño y el slytherin estaba consciente de las miradas que la gente daba a su alrededor, de cómo hablaban a sus espaldas y decían que había hechizado a Ginevra, o cómo se había abierto ante alguien diferente a su casa. De cómo Ginny parecía una exiliada de su propia casa. A veces pensaba que de un momento a otro, Weasley, Potter o Granger aparecerían para exigirle que deshiciera lo que fuera que había hecho. Pero no lo hicieron.

Nadie lo hizo.

Tal vez se alejó tanto de todos que tampoco sabe volver, pensó.

-No lo entiendo-exclamó Draco un día, cuando ella hizo un puchero y se tiró sobre la mesa de estudio de Draco, donde nadie lo hacía ni por milagro-¿por qué necesitarías mi ayuda en esto?-exclamó mirando con apatía el contenido del libro de hechizos-tienes a Granger contigo. Tienes a Potter. Sé que soy bueno, ¿pero porqué esperar un día entero a vernos para que alguien te explique esto? Él te enseño a usar hechizos defensivo en el club ese. ¿Por qué quieres que yo te ayude?

-Porque vendrá en el examen de McGonagall, por supuesto. Y no lo comprendo del todo, y ahora tenemos básicamente las mismas clases. Neville dijo que tu fuiste uno de los tres que pudo hacerlo durante clases. Harry, Hermione y tú. Hermione es demasiado severa al enseñar. No quiero que me de una cátedra sobre lo fácil que es. Es frustrante que sea tan perfecta. Hermione lo sabe todo-exclamó con voz chillona, en una representación de su hermano y Potter. No sé que haríamos sin ella-exclamó amargamente sarcástica, como si fuera algo que siempre, SIEMPRE, escuchaba. Y a Draco le recordaba la forma en que solía decir algo parecido antes, celoso, incapaz de mejorar sus notas. De dar una respuesta válida de cómo una sangre sucia vencía a un sangre pura, quien nació y creció en el mundo mágico, ante su padre. Pudo ver como no era el único que sentía inferioridad a su alrededor, y se preguntó si su madre, la de Ginevra, por supuesto, la hacía sentir inferior a ella de alguna manera. No sería tan brusco como Lucius, pero Merlín, él estaba seguro que Ginny estaba frustrada y se sentía menor o insignificante al lado de Granger. Compartía tanto ese sentimiento antes... Lo llenaba de ira, enojo... Ahora Draco tenía otras cosas en la cabeza y deseó que Ginevra también pudiera tenerlas, especialmente porque sabía que detrás de los celos y la furia, había dolor -Tampoco puedo ir con Harry, ¿No puedes ayudarme?

-Puedo hacerlo. Es solo... Ginny. ¿qué pasa contigo y el trío?

Ella suspiró.

-Le dije a Harry que debió morir-exclamó y cuando Draco dejó de respirar y la miró en una mezcla de incredulidad y tristeza, ella sonrió levemente.- ¿Sabes? Todos hacen esa cara. No creí... supongo que aprecias más a Harry de lo que muestras. Mamá me echó el regaño del siglo. Fue... estaba enojada. Muy enojada. Él me dejó, ¿sabes? Se llevó a Ron, y a Hermione a su batalla contra el que no debe ser nombrado. Y nosotros salíamos, se suponía que me amaba. Y que íbamos a volver cuando la guerra terminara, y de pronto él dice que murió y que no... no me amaba más. Entonces, ha pasado mucho tiempo y no es que esté enfadada porque me hiciera esperarlo, es solo que perdí a Fred, y no pude afrontar bien la doble pérdida. Quise ser su amiga y lo fui, lo soy creo, pero él tiene todo ese secretismo con ellos dos, y no sé... tienen una especie de club secreto al cual no me dejan entrar. Y yo solo... solo me siento...

-Abandonada.

-Si-suspiró ella- podría decirse. Es decir, nunca me dijo nada, incluso cuando dijo que era importante para él. Creo que incluso tú podrías sacarle más información que yo.

Draco sonrió incrédulo.

-Y me siento tonta, porque siempre han sido un trío. Pero pensé, yo pensé... pero al final solo me ve como la hermanita de su mejor amigo.

-Creo que solo no quería que te lastimaran.

-Eso es una mierda.

-Lo es. Aunque al final tu madre te salvó de la tía Bella así que en realidad quizá no estés tan lista como crees.

Ella entrecerró los ojos.

-Te voy a lanzar un mocomurciélago-le advirtió y él rodó los ojos.

-Si. Bien, ven aquí, -exclamó poniendo una silla a su lado-deja que te ayude.

Ginny sonrió.

-Al final, no eres tan mal chico.

-He superado mis ganas de molestar gryffindors, y ese deseo de irritar constantemente a Potter.

-Creo que él extraña eso, a veces te ve como si no pudiera decidir si prefiere que lo ignores o le molesta que no se estén dando puñetazos en los pasillos.

-He decidido terminar mi racha de pérdidas contra el Salvador del Mundo. Entonces, toma la varita de este modo.

-¿Así?

-No, es un agarre muy firme y tieso-exclamó acomodando sus dedos sobre la madera- Así, deja que tus dedos fluyan sobre la varita y gírala así.

Ella respiró estresada.

-No pongas fuerza extra. Solo inténtalo-exclamó sacando una manzana de su bolsa y poniéndola frente a Ginevra. Ginny ejecutó el hechizo. Cuando la manzana de Draco se convirtió en una pequeña esfera gris, ella sonrió.

-Eso es...

-Hierro. Ahora Ginevra solo tienes que darle forma y será una llave. Esa parte es más fácil. En la creación de metales, es muy importante, la precisión exacta.

-Entonces, si presiono más fuerte...-exclamó ella y Draco iba a sonreír y explicar cuando su mirada capturó a Granger, con Potter y Weasley observándolos de reojo. Él frunció el ceño haciendo que la pelirroja dejara de sonreír y en su lugar sus ojos se volvieran más apagados. Algo de eso enojó a Draco. Pudo ver en ella ese sentimiento de dolor que él sintió cuando su mano fue rechazada, pudo ver la mirada de Fred, aceptando que había perdido la felicidad que tanto había anhelado. Pudo ver la mirada de Colin, pensando en los quizá...-Ven, Ginny-exclamó. -Quiero mostrarte algo.

-Pero...-exclamó ella recogiendo sus cosas también y corriendo tras de él. El slytherin pudo sentir la mirada de los otros y como empezaban a caminar tras ello tomó la mano de Ginny y la apresuró a caminar para perderlos.

-No pudimos ser parte del club de los amigos cercanos de Harry Potter, ¿y que? Hagamos nuestro propio club.

-¿Qué tipo de club?

-No lo sé. Pero este es nuestro primer secreto. Te voy a mostrar el lugar donde pinto.

Uno de todos, pensó, y la guió hacia los viejos vestidores de quidditch, en desuso. Draco no había usado en mucho tiempo el lugar, pero todo parecía en orden.

-¿Aquí? ¿Pintas en Hogwarts?-preguntó ella y entonces lo miró sorprendida y sonrió.-¿Puedo ver cómo pintas a alguien?

-No lo sé. ¿A quién pintaría?

-Si, ¿a quien pintarías, Draco? -exclamó una voz y el slytherin volteó sorprendido hacia donde provenía. Por un momento estaba asustado de que fuera Potter, pero al reconocer la voz ese alivio lo hizo tensarse y sentirse culpable, temeroso y ansioso. Se había enfocado tanto en ellos, que olvidó a los demás en la biblioteca y ahora, ahí parada tras ellos estaba Luna Lovegood.