Si los retratos hablaran

Chapter 8

Disclaimer: HP le pertenece a J.K. Rowling

NA. Muchísimas gracias por continuar leyendo mis historias (: Feliz San Valentín a todos y a todas!

Si los retratos hablaran

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Capítulo 8

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Cuando Draco regresó a Hogwarts, había enviado una gran cantidad de cuadros, pero aún le quedaban bastantes fantasmas, más lo que también veía en las clases. Estaban en los terrenos de Hogwarts, en el comedor, estaban en las aulas, en los pasillos… Al notar que podía verlos, pronto se instalaron a su alrededor, siguiéndolo mientras iba a clases o a su sala ... esperando ansiosamente su turno. A veces, era escalofríante caminar a clases y sentirlos tras él, a veces despertaba y ellos estaban ahí.

Por esta razón los mismos fantasmas principales de Hogwarts empezaron a ver interesados a Draco y empezaron a susurrar entre ellos y con los visitantes temporales de su hogar.

-Por favor-había exclamado Draco a cada uno- por favor, no expandan esto entre los alumnos.

El Barón Sanguinario se había alzado de hombros, desinteresado. El fraile gordo lo felicitó por su amabilidad y su ayuda a esas pobres almas. La Dama Gris empezó a observarlo mientras pintaba y Casi Decapitado Nick aprovechaba para platicar con sus nuevos vecinos y socializar.

Ninguno se opuso a que Draco ocupara los viejos vestidores de quidditch para pintar.

Es más, le mostraron lugares donde ya nadie iba. Uno por cada fantasma.

El Barón Sanguinario le aconsejó sobre cómo podría conseguir los objetos más fácilmente. Técnicas de infiltrado, decía. El fraile gordo apaciguaba a las almas para que fueran pacientes y le dieran espacio a Draco. La Dama Gris lo aconsejó sobre cómo pintar mejor y hechizos útiles que complementaban los consejos del Barón y Casi Decapitado Nick le daba secretos para salir del castillo, del cual se había enterado con el paso de los años y gracias a sus gryffindors.

Pronto, no fue raro que Draco Malfoy estuviera siempre acompañado de uno de ellos, aunque intentaba que fuera un secreto.

Siguió pintando, siguió enviando los cuadros, siguió recolectando objetos.

Hasta que un día, simplemente le tocó el turno a Remus Lupin.

Él y su esposa fueron los últimos de su lista, como había prometido.

-Me gustaría que fuese enviado a nuestro hijo, Teddy-exclamó suavemente y Draco asintió y preparó todos los materiales.- Y a Remus le gustaría tener uno aparte, para Harry. Él cree... era la última figura paternal de Harry... probablemente se sentirá solo.

La mano de Draco tembló levemente al oír el nombre del otro.

-Yo… sería la primera vez que haría retratos compartidos.

-Creo que lo harás bien. Has hecho tantos cuadros…-exclamó dulcemente la otra. -¿Tú sabes que somos primos, Draco, cierto?-exclamó ella con curiosidad. De todos los fantasmas, ella era la más simpática. Siempre sonreía.

-Sí-respondió suavemente.

-Es hilarante conocernos de esta forma. Siempre quise convivir contigo, pero mamá dijo que no lo hiciera. Aún así cuando era adolescente me escapaba y te veía pasear de la mano de tía Narcissa en el Callejón Diagon-rió- eres tan adorable. Por supuesto, luego creciste.

Él no respondió.

-Creo que eres genial por hacer esto. Muchas gracias.

Si ella hubiera podido acariciar su cabello, lo hubiera hecho. En cambio, estiró la mano, dudó y retrocedió.

A ella fue la primera que pintó.

Suave, dulce.

Draco se esforzó en que su mirada reflejara cariño, alegría, optimismo. En que cada pincelada fuese delicada. La pintó por días y luego hizo lo mismo con Remus, quien aunque no podía cansarse de posar, ciertamente no parecía cómodo.

-¿Han escogido el paisaje?

-Queremos que sea la pequeña casa de Remus, ahí ibamos a vivir con Teddy. Sin importar lo que mamá quería.

-¿Ella no aprobaba su relación?-preguntó sin pensar, y luego enrojeció.- Disculpen, no es de mi incumbencia.

-Mamá decía que él era muy mayor.

-Lo soy.

-No lo eres tanto, ¿cierto Draco?

El rubio miró a ambos y dudó. El hombre tenía la edad de su padrino ¿cierto? Y si no se equivocaba casi la misma edad que Andrómeda Tonks.

-Mmmm… los magos vivimos cientos de años. Quizá no tanto-exclamó con un poco de dolor.

-¿Cierto?-respondió la otra entusiasmada y Remus negó con una sonrisa y sonriendo hacia Draco, como agradeciendo su respuesta.

Así, Draco pasó días pintándolos a ambos y escuchando a Tonks contarle sobre su vida, quejándose sobre su madre, presumiendo su historia de amor y sobre todo a su hijo porque al parecer, odiaba el silencio.

Draco, debía admitir, estaba empezando a extrañarlo.

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El objeto importante para ambos, eran sus alianzas.

Y habían sido enterrados con ellos.

-No.

-Pero…

-No voy a desenterrarlos. Eso es… es ... no puedo hacerlo

Remus lo miró entristecido y Draco pensó que era como un lobo con cara triste. Sus ojos, Merlín, eran como de un cachorrito aplastado.

Tonks puso las manos en la cadera.

-Pero entonces todo este esfuerzo no habrá valido para nada.

-Quizá pero…

-Págale a alguien. A nosotros no nos importa.

-Pero a tu madre y a la sociedad mágica sí. Además, cuando fui a su pequeña casa para conocerla y tomarle fotos, tu madre se dio cuenta con facilidad. No quiero pensar lo que hará con tu tumba.

Ella pareció pensárselo.

-En eso tienes razón.

-La tengo.

-Entonces que sea…

Draco la escuchó atento y luego robó la varita de ambos del museo de exposición de los Héroes de Guerra. De paso, también robó la suya. La que Potter había usado para derrotar al Lord.

Decir que los aurores aún lo buscaban era poco decir, pero finalmente se cansaron.

O más bien, perdieron la pista del ladrón.

Y así, finalmente, con las varitas extintas, los recuadros tomaron vida.

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El día que Draco mandó los cuadros a Teddy y a Potter, estaban en el periodo de vacaciones. Por alguna razón, Remus y Tonks aún seguían ahí junto a él y vieron volar ambas lechuzas lejos de la ventana antes de mirarlo.

-Muchas gracias-exclamó Remus, sosteniendo la mano de su mujer, con una sonrisa triste, pero satisfecha.

Tonks en cambio intentó abrazarlo, y rió cuando lo atravesó.

-Gracias, Draco-exclamó antes de volver junto a Remus.

Draco sonrió y algo en su pecho se apretó al verlos.

-Me hubiera gustado conocerte-confesó-jugar contigo. Visitarte. Aprender de ti. Lamento que no hayamos podido crecer juntos y siento haber sido tan tonto por no intentarlo. Si yo te hubiera conocido, si me hubiera acercado… tal vez tú...

Ella sonrió enternecida.

-También me hubiera agradado convivir contigo, Draco. Yo pude acercarme, pero no lo hice. Era mayor que tú, tenía ideas más abiertas que tú, pero no lo hice. Esta vez haz algo por mí, ¿si? Cuida de Teddy-exclamó- Conócelo. Acércate. Quiérelo por mí. Dile lo mucho que lo amamos. No dudo que Harry lo proteja, pero me sentiría mejor si te tiene a ti también. Cuida a mi madre, y a tu madre. Y si es posible, ayudalas a reconciliarse. Después de todo, nosotros somos familia. Nunca debimos ser separados.

Draco asintió con un nudo en la garganta, sintiendo la despedida.

-Lamento haberlo tratado así-le exclamó a Remus.- Yo -se sonrojó- no debí ofenderlo por su enfermedad y su estatus social. Fui inmaduro, y tonto, y…

-Y eras igual a Sirius cuando era joven, mi mejor amigo. Solo que él tenía alguien en quien apoyarse fuera de su círculo. Me conoció a mí. Conoció a James. No tienes que disculparte, Draco-susurró él.- No cuando has hecho algo tan valioso para mi. Gracias de nuevo. Por favor, cuida de Harry. Y de Teddy.

Él asintió con fuerza.

-Lo haré.

-Es un lindo atardecer-susurró Nyphamdora, tranquilamente y Draco volteó para ver lo que ella veía.- Es lindo poder saber que todo estará bien.

-Lo es-respondió pero cuando su mirada volvió hacia ella, ya no estaban.-Lo es-repitió, y dejó un par de lágrimas caer antes de limpiarlas.

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Como por fin había terminado con los fantasmas que lo perseguían, Draco decidió tomarse un descanso y curiosear un rato por el castillo, como no había hecho hacía tiempo. Estar en Hogwarts era menos aburrido que estar en la mansión, por lo que recorrió el camino hacia el Bosque Oscuro y recolectó algunas plantas, pensando en lo mucho que extrañaba a su padrino y cómo él solía hacer esto casi a diario para hacer sus pociones.

Draco pensó que era un buen momento, para él mismo, de retomarlo.

Estaba a punto de volver cuando notó que algo brillaba cerca de él. Curioso, se acercó al objeto y lo tomó entre las manos. Era una piedra. Tenía un círculo inscrito en un triángulo, por cuyo eje central transcurría una línea.

¿Qué cosa era esto?, se preguntó y lo giró, examinándolo.

-¿Draco?

Paralizado, el slytherin miró a un lado, reconociendo la voz.

Ahí, con la misma expresión de siempre, estaba su padrino. Severus Snape.